Con medio quilo de borrajas y tres patatas medianas hay para tres personas; cosa que deberemos tener en cuenta a la hora de hacer las proporciones.
Empezamos cortando las borrajas, bien lavadas bajo el chorro de agua del grifo, en trozos de unos tres centímetros de longitud, y luego le quitamos los hilos muy someramente.
Por otro lado, pelamos las patatas y las cortamos en trozos medianos con el cuchillo, pero sin desgarrarlos, porque no queremos hacer cachelos; sino trozos con sus aristas bien definidas, porque no queremos que las patatas suelten su almidón en el agua de cocción, sino que lo retengan dentro; ya que, luego, el agua de cocción la tiramos.
En una olla normal pondremos, por tandas, las patatas, las borrajas, nuevamente las patatas, las borrajas y así sucesivamente, hasta terminar con todo. A continuación, cubrimos con agua, le ponemos sal y lo llevamos al fuego contando desde que empiece la ebullición un tiempo de una hora.
Mientras el conjunto esté hirviendo, en una sartén aparte, pondremos un fondo de buen aceite de oliva y doraremos en él unos ajos fileteados que; una vez dorados, los pasaremos a un papel absorbente para eliminarles el exceso de aceite que pudieran llevar y que se pongan crujientes.
Terminada la cocción tanto de las patatas como de las borrajas, que ambas cosas cocerán el mismo tiempo, colamos todo el conjunto quedándonos con las patatas y las borrajas bien escurridas, que iremos distribuyendo en platos llanos.
Una vez tengamos en los platos las patatas y las borrajas apartadas, le distribuiremos el aceite de haber frito los ajos por encima y luego también los ajos fritos y reservados. Finalmente, le pondremos, además, un finísimo hilo de buen aceite de oliva virgen extra por encima junto con unas escamas de sal negra del Himalaya, y ya podemos llevar a la mesa.
NOTA: La sal negra del Himalaya en escamas es un toque excelente en este plato, aportando no solo sabor, sino un toque cromático al conjunto.
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