Este plato debe hacerse en cazuelitas de barro individuales, a razón de unos 80 a 100 gramos de angulas por persona y debemos comenzar por poner en el fondo de cada cazuelita aceite, de forma que cubra todo el fondo. Pelamos ahora los ajos, uno o dos por cazuela, los cortamos en rodajas y los añadimos al aceite conjuntamente con una pimienta de cayena troceada o un trocito de guindilla en cada cazuela. Ponemos las cazuelas al fuego y cuando estén los ajos dorados se le añaden las angulas, se revuelven un momento para calentarlas, se retiran del fuego las cazuelas y se sirven al instante, tapadas para que no se enfríen.
Como la rapidez en este plato es decisiva, es conveniente tener ya dividida de antemano las angulas en montoncitos individuales, para no tener que perder tiempo en hacerlo a la hora de echarlas en las cazuelas.
NOTAS: Los tenedores de madera son casi imprescindible a la hora de comerlas, ya que con los de metal las angulas resbalan y el bocado queda mermado, lo cual es una pena.
Para la buena degustación de las angulas estas deberán llegar a la mesa muy caliente, chirriando; solo así desplegarán todo su potencial gustativo hasta el momento final. Esto es muy fácil de hacer con fuego de gas pero en cocinas de inducción que no va el barro lo mejor es hacerlas todas juntas en sartén aptas para la inducción, y mientras calentar unas cazuelitas individuales de barro en el horno. Cuando estén bien calientes las cazuelitas y las angulas hechas, las pasamos de la sartén a las cazuelitas y las servimos inmediatamente.
La temporada de las angulas es desde noviembre hasta marzo y es un manjar que, no solo aporta textura en el plato, sino que también sabor; por todo lo cual suele ser muy apreciado gastronómicamente.
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