Cortamos el pan un poco asentado, de uno o dos días, en cuadraditos como la uña; y a continuación, lo humedecemos ligeramente rociándole el agua con los dedos o con un spray. Este punto es muy importante porque solo hay que humedecer un poco, de forma que al mezclar bien el pan con las manos lo notemos ligeramente húmedo.
A parte, en aceite de oliva freímos unos ajos laminados, y seguidamente le ponemos chorizo fresco de la sierra del lugar, muy bien desmenuzado con las manos, que se salteará también. Ahora añadimos el pan y lo salteamos todo junto. No hay que saltearlo mucho, solo el tiempo de perder el agua y ponerse crujiente, debiendo quedar el pan entero y a cuadraditos, sin deshacerse.
El siguiente paso consistirá en freír huevos, tantos como comensales tengamos, teniendo la precaución de dejar los huevos con la yema líquida y la clara cuajada.
Se presentan los platos poniendo las migas así preparadas y encima los huevos fritos. Se comen cortando los huevos y desparramándolos por las migas, comiéndolo todo junto.
NOTA: Si humedecemos mucho el pan luego tardará mucho tiempo en perder el agua durante el salteado y el pan se deshará desluciendo las migas; pues la característica de las migas madrileñas es que el pan salga del salteado entero y ligeramente crujiente.
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