Sopa de ajos

Para hacer esta sopa para dos personas necesitaremos de los siguientes ingredientes:

– Cuatro ajos con su piel

– Varias rebanadas de pan rústico de vísperas

– 3/4 litro de caldo de carne, pollo o agua

– Una cucharada de pimentón semidulce

– Aceite de oliva, sal y pimienta

– Un huevo

Empezamos haciendo el caldo disolviendo una pastilla de caldo de pollo o carne en el agua y llevando a ebullición. Luego de desespumar y bien disuelta la pastilla tocamos el punto de sal y ya lo tenemos terminado.

Poner una cacerola al fuego con un fondo de aceite de oliva y dorar en él los ajos con su piel y ligeramente chafados con la parte plana de la hoja del cuchillo cebollero. Cuando tengamos los ajos bien dorados le ponemos el pan cortado a rebanadas finas o a pellizcos, según queramos, que dejaremos dorar también dándole vueltas de vez en cuando. Una vez dorados los ajos y el pan le ponemos una cucharada de pimentón, damos unas vueltas y rápidamente agregamos un poco del caldo. Movemos y agregamos más caldo, así hasta tener todo el caldo incorporado. Salpimentamos, tapamos la cacerola y la dejamos hervir a fuego lento quince minutos.

Cuando esté casi agotado el tiempo del hervido de la sopa cascamos un huevo en un plato hondo, lo batimos muy someramente y se lo añadimos a la sopa justo cuando acabe el tiempo. Movemos bien, apagamos el fuego y tapamos dejando que repose unos minutos antes de servirla.

NOTA: La sopa de ajos original no llevaba huevos; no obstante, ahora siempre se le suele poner. También es costumbre ponerle algunas veces jamón o chorizo que, caso de ponérselo, se lo incorporaríamos en el refrito, junto con los ajos y el pan. Todas estas variantes suelen ser las sopas de ajos para ricos que hoy, a Dios gracias, la podemos hacer todo el mundo.

Es interesante también observar que el caldo hecho con pastillas no difiere sustancialmente del hecho artesanalmente; por lo que, si no tenemos a mano un caldo, es preferible hacerlo de pastilla y salimos del paso airosamente.

La razón de no batir mucho el huevo es para que tanto la clara como la yema aparezcan por separado, dándole más belleza, si cabe, al plato.

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