El pollo “al ajillo” fue todo un clásico en casa de mis padres. Mi madre solía comprar los polluelos recién nacidos en el mercado y se llevaba todo el año criándolos a base de desperdicios de comida. Cada año; por año nuevo, que era el santo de mi padre, mi madre lo celebraba sacrificando uno; que hacía “al ajillo” y acompañaba de patatas fritas. Yo no supe el nombre de la preparación hasta bien entrado en años; y curiosamente comprobé que era exactamente igual a como lo hacía mi madre.
Ingredientes por cada comensal:
– 2 presas de pollo de corral
– 4 dientes de ajos
– 1 hoja de laurel
– caldo de pollo casero (opcional)
– vino blanco
– aceite de oliva
– sal, pimienta, romero y tomillo
– vinagre de Jerez o zumo de limón (opcional)
Preparación:
Si preparamos la receta para dos comensales entonces tendremos que multiplicar las cantidades de la receta por dos. Esto es solo a modo recordatorio.
Las presas que utilicemos no deben ser muy grandes para que se cocinen bien y nos quede la receta perfecta.
Comenzamos lavando bien las presas de pollo bajo el chorro de agua del grifo y secándolas muy bien; luego las salpimentamos y le ponemos el romero y el tomillo.
En una cacerola al fuego ponemos suficiente aceite de oliva y echamos los ajos para dorar, enteros, con piel y ligeramente chafados con la hoja del cuchillo. Cuando los tengamos bien dorados por ambas caras los sacamos y los reservamos.
En ese mismo aceite vamos a poner a freír las presas de pollo junto con las hojas de laurel y las vamos a dejar que se frían bien por todos los lados, dándoles vueltas de vez en cuando y a fuego de medio a bajo.
Cuando tengamos todas las presas de pollo bien fritas le quitamos el aceite sobrante y le añadimos los ajos fritos y un buen chorro de vino blanco. Dejamos que el vino se vaya reduciendo a fuego más bien bajo, moviendo los trozos de pollo cada cierto tiempo con cuidado de no romperlos, para que vayan tomando el sabor del vino.Cuando el vino haya reducido a la mitad ponemos un poquito de caldo de pollo y dejamos que reduzca también junto con el vino. Lo importante es que todo este proceso hasta tener la salsita hecha, nos dure unos treinta minutos en total, para que el pollo se cocine y se ponga tierno. Una vez tierno el pollo se termina con un chorreón de buen vinagre de Jerez o de zumo de limón y se lleva a la mesa caliente, que es como se saborea.
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