Para esta receta haremos unos ñoquis como ya sabemos, que congelaremos en una bandeja donde tendremos esparcida Semolina, para que no se peguen unos a los otros. Podremos hacer más o menos, en función de nuestras necesidades; así como congelarlos todos en una misma bandeja; o bien congelar los que vayamos a utilizar en una y los que no en otra. De esta manera nos podremos olvidar de ellos si no los vamos a hacer de inmediato, ya que los ñoquis hay que hacerlos en el momento justo de tenerlos que servir; porque si lo hervimos y tardamos en emplatarlos, entonces se pegan unos a otros perdiendo vista y textura.
En cuanto a la salsa, también sabemos ya hacerla de otras recetas.
Con los ñoquis ya congelados o en vías de congelación nos dispondremos a hacer la salsa; y una vez hecha, sacamos los ñoquis del congelador y ponemos a hervir agua con sal en una olla. Cuando el agua esté hirviendo a borbotones vamos echando lo ñoquis por tandas de diez o doce cada vez, para que tengan espacio al hervir y que no se nos peguen unos a los otros; además, los echaremos sin descongelar. Cuando los ñoquis suban a la superficie es la señal de que ya están cocinados y los podremos ir sacando con la espumadera a una fuente para, a continuación, ir metiendo otra tanda. Una vez cocido todos los ñoquis los distribuiremos en los platos de servir y le pondremos la salsa por encima, coronando cada plato con unas hojas de albahaca.
Si queremos que los ñoquis estén más jugosos podremos poner un poco de queso rallado en el fondo del plato antes de poner los ñoquis.
Los ñoquis los servimos con un montoncito de salsa en el centro y arriba de ellos, de forma que se vean tanto la salsa como los ñoquis en el plato. Luego el comensal los mezclará todos con la salsa para darle uniformidad al contenido del plato antes de empezar a comerlos.
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