El membrillo es de las frutas que más gelatina tienen y la Jalea de membrillo la hacemos con la gelatina de dicha fruta, que extraeremos con agua y en caliente; luego filtramos, azucaramos y concentramos.
Primero cogemos un par de kilos de membrillos, menos no es recomendable, los cuales los lavamos muy bien frotándolos porque las pieles suelen tener pelusas. Luego los pelamos y reservamos sus pieles; a continuación los troceamos y reservamos los cascabullos que juntaremos con las pieles reservadas.
Preparación:
En una cacerola pondremos la pulpa de los membrillos troceadas y cubiertas de agua, no más de un litro, a cocer a fuego lento; para que no se nos enturbie en ningún momento el líquido.
Por otro lado, hacemos lo mismo en otra cacerola con las pieles y cascabullos, poniéndole la misma cantidad de agua, que aproximadamente será de un litro y cociéndolo a fuego muy lento para que no se nos enturbie, igualmente.
Cuando veamos que la pulpa en la primera cacerola empiece a ponerse tierna apartamos del fuego y colamos, reservando la pulpa para hacer dulce de membrillo y el líquido para nuestra Jalea de membrillo. Es muy importante en este punto no pasarse de cocción con la pulpa del membrillo, porque enturbiaría el caldo, que es lo que no queremos.
Cuando veamos que las pieles de la segunda cacerola empiecen a ponerse tiernas hay que sacarlas y tirarlas, mientras que los cascabullos seguirán cociendo ahí mismo, pero le añadiremos, además, el agua reservada de la cocción de la pulpa. Al igual que con la pulpa no conviene pasarse de cocción con las pieles tampoco. Este líquido se irá poniendo de un bonito color frambuesa a medida que vaya extrayéndose la gelatina, y el punto lo conseguiremos cuando la cantidad de líquido quede, con la cocción, reducida a la cuarta parte del volumen inicial; que como hemos partido de 2 litros de agua, nos deberá quedar aproximadamente 1/2 litro. Este será el momento de sacar los cascabullos, y si el líquido queda transparente, ya está listo para la fase final. De no ser así, habrá que filtrarlo por una muselina en caliente, porque al llevar mucha gelatina se hace muy difícil de filtrar.
Fase final:
Al líquido obtenido se le pone azúcar en una cantidad que, antiguamente, era la misma que el peso del líquido obtenido, pero actualmente, es justo la mitad. El punto será cuando ya la preparación, que deberá estar a fuego siempre muy lento, espese. Luego se pasa a pequeños moldes para poderlos usar en su momento.
NOTA: Según el punto que le demos los podemos utilizar para diferentes fines: si están poco hechos; es decir, más líquido, para rellenar pastelitos de hojaldre y si están más hechos para acompañar carnes o para recubrimiento de tartas, yogures, etc.
En el caso de que salieran poco espesos, siempre se puede recurrir a ponerle un poco de cola de pescado para espesarlos.
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