Las brevas son de las frutas con más dulzor que existen y solamente las podemos comer unas semanas cada año. Es por eso que debemos estar muy atentos para aprovechar la ocasión que cada año se nos presenta para poderlas degustar.
Debemos saber que están en su punto de madurez cuando la piel se rompe en finos hilos. Tanto las brevas como los higos, ambos frutos de la higuera, su punto de madurez obedece al refrán de que: “deben tener el cuello de un ahorcado, el traje de un mendigo y el ojo de una viuda”. Este refrán alude a que el cabo debe estar seco, como el cuello del ahorcado; la piel debe estar muy fina y hecha jirones, como el traje de un mendigo; y en cuanto al culo de la breva, este deberá estar resumiendo, lagrimando, como el ojo de una viuda.
Las brevas son un fruto que da la higuera a principio del verano y los higos los da la misma higuera al final del verano. La breva tiene, además, la característica de que no admite transportes largos, por lo que hay que degustarlas en su lugar de origen.
Nosotros aquí las presentamos de una forma muy sencilla:
Las lavamos bien y las enfriamos aún mejor; luego las presentamos encima de la misma hoja de la higuera y ésta encima de una fuente. De esta manera, además de ser una presentación muy vistosa, están en su elemento.
Una recomendación a tener en cuenta si comemos varias frutas, es la de dejar para el final las brevas, porque son las más dulces; y de no hacerlo así nos resultarían sin dulzor las demás.
Cuando se quiere aludir a qué vas a tener que esperar mucho se utiliza la expresión: “de higos a brevas”; porque todos los años la higuera da las brevas en junio y los higos en agosto, mediando un mes, mientras que después de la cosecha de los higos, hasta el año siguiente no da nuevamente brevas; mediando de brevas a higos un mes, y de higos a brevas todo un año.
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