La Concha fina, también llamada almejón de sangre, almejón brillante, almejón mariposa o incluso en Málaga almejas malagueñas, es un molusco bivalvo de la familia de los veneridae o venéridos (almejas de Venus), una amplia familia de grandes y pequeños moluscos de agua salada, la mayoría de ellos comestibles.
La concha fina en particular puede alcanzar una buena talla (hasta once centímetros). Su apariencia exterior puede variar entre un color cremoso hasta un marrón oscuro. Habita en zonas arenosas o de cantos rodados, viviendo enterrada o semienterrada y alimentándose de plancton. Puede encontrarse en el Mediterráneo y en las costas atlánticas. Se consume en países como España, Italia, Francia, los Balcanes y el Magreb. Su consumo está muy ligado a la calidad de las aguas donde se ha criado, con el objeto de no favorecer toxinas en su interior, debido a que se alimenta por filtración de dinoflagelados procedentes de aguas de las mareas rojas o aguas contaminadas, como pueden ser las aguas estancadas, las fecales, etc. Si es capturada en zonas con aguas de baja calidad las conchas finas acaparan en el interior de su cuerpo una cierta cantidad de toxinas y estas no se eliminan mediante una simple cocción. Por esta razón es siempre aconsejable al comprarlas saber su zona de captura.
La concha fina la podemos comer cruda, recién abierta y sin compañía de nada, ni siquiera de las gotas de limón que algunos recomiendan, y entonces el sabor del mar se concentra de tal forma que parece que lo hemos sorbido entero. Cada concha fina debe acompañarse de un sorbo de vino blanco albariño o de la zona, salvo que tengamos a disposición un champan o un cava bien seco, en cuyo caso queda a la elección del que las deguste, teniendo la seguridad de que, sea cual sea la elección que haga, acertará.
Limpiar las conchas finas es fácil pero algo laborioso. Debemos comprarlas frescas y asegurarnos de que verdaderamente lo son dándole con el dedo o con algo punzante para ver si se cierran o se mueven. Las podemos abrir metiéndole por la parte de atrás, en la charnela, la hoja de un abreostras y luego limpiarlas bajo el chorro de agua del grifo, asegurándonos de quitarles la bolsita de tierra que tiene pegada. Esta bolsita siempre la tiene y siempre tiene tierra en ella, por mucho que las hayamos tenido purgando. Otra forma de abrirlas sería al vapor, operación que tarda su tiempo.
Para conservarlas si no las vamos a utilizar el mismo día de la compra, hay que meterlas dentro del frigorífico encerradas en una malla de forma que no puedan abrirse, encima de un plato sin agua ni nada por el estilo. En esas condiciones aguantarán un par de días. Se recomienda limpiarlas siempre en el momento de comerlas, no antes, porque también pierden frescura.
Su periodo de captura suele ser en el mes de abril y la forma de degustarla varía de un lugar a otro; en Málaga y en Ceuta se sirven crudas, como tapa al natural, o con cilantro y lima o limón. Otras preparaciones suelen ser: gratinadas en el horno, con salsa rubia, con bechamel, a la marinera, al pil pil o a la moruna.
Los aficionados a la pesca la suelen utilizar como cebo para la pesca del pargo o de la dorada.
En Huelva se vende en el mercado todos los años a partir del mes de febrero hasta el verano.
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