Hacer un refrito de ajos, cebollas, pimiento verde, laurel y tomates, todo cortado en brunoise muy fina. Cuando tengamos el refrito hecho le ponemos el choco limpio y cortado en dados de dos a tres centímetros de lado; seguimos refriendo un par de minutos mas y le adicionamos una cucharada de harina, que refreiremos también el tiempo necesario para quitarle a la harina el sabor a crudo; poner a continuación una cucharada de un buen pimentón dulce, refreírlo un poquito y añadirle una copita de vino blanco. Dejaremos que el alcohol del vino se evapore y cubrimos el choco con agua, la justa, porque el choco suelta mucha agua al cocer; le ponemos además, un poco de pimienta negra recién molida y un ramillete de perejil, y lo dejamos cocer hasta que el choco esté tierno.
Hay que tener en cuenta que el choco, una vez esté tierno no deberemos prolongarle mucho mas tiempo la cocción porque se pone gomoso; por esta razón deberemos estar atentos y no ponerle mas agua de la justa para que el guiso no nos salga caldoso. Si es necesario rectificamos el agua durante la cocción, añadiéndole más.
Una vez terminado el guiso, le quitamos el perejil y lo desechamos. Lo mejor es dejarlo de un día para otro, para que coja toda su potencialidad; si no pudiera ser, entonces lo dejamos reposar unos diez minutos y lo servimos.
Ponerle unas patatas paja de guarnición es casi perfecto; y a la hora de hacerlas tener presente cortarlas con el cuchillo cebollero en rodajas finas, y luego en tiras igualmente finas; luego secarlas muy bien para que no salten al freírlas.
Cuando salga a la mesa ponerles, tanto a las patatas como al guiso, un poco de perejil picado y no olvidar ponerle a las patatas sal fina por encima, ya que la hemos frito sin sal para que no se peguen unas a las otras y queden sueltas.
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