Para hacer este plato necesitamos partir de bacalao salado y de la parte del cogote de éste, porque es de esa parte de donde se desfolia mejor, sacándose las mejores láminas.
Ponemos el bacalao en remojo durante cuatro días dentro del frigorífico, cambiándole el agua del remojo una vez cada día. De esta forma el bacalao sale muy esponjoso y se desfolia con facilidad.
Una vez desalado el bacalao lo templamos poniéndolo en una cacerola con la última agua del remojo y encendemos el fuego, más bien bajo, y lo tendremos así hasta el momento en el que el agua, antes de comenzar a hervir, comience a temblar. Es en ese momento cuando apagamos el fuego y dejamos templar el bacalao dentro. Cuando salga del templado lo desfoliamos en láminas, cosa que haremos con suma facilidad con esta parte del cogote.
A parte, tendremos preparada una pimentá, que repartiremos en el fondo de unos platos llanos, poniéndole en el último momento la sal, el aceite y muy poquito vinagre. Finalmente, le pondremos las láminas de bacalao por encima y terminamos con un hilo de buen aceite de oliva por todo el bacalao inmediatamente antes de servirlo.
NOTA: La pimentá la hacemos asando pimientos en el horno y luego dejándolos sudar, tapados, para poderlos pelar bien y, finalmente, cortándolos en tiras.
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