La Pularda es un tipo de gallina francesa que es muy apreciada en la alta cocina ya que posee grasa infiltrada entre sus carnes, lo que la hace suave y jugosa para comer. Dentro de la gastronomía está considerada como un alimento estrella y una auténtica exquisitez. Para acompañarla de forma que le haga completa justicia vamos a utilizar en esta receta la trufa negra; todo un lujo y un auténtico manjar de dioses.
Ingredientes:
Comensales: 4
– 1 Pularda de 1.6 a 1.8 kg
– 30 gr de trufa negra
– 50 gr de manteca o mantequilla
– 50 c/c de Armañac
– 100 c/c de vino de Madeira
– 40 gr de paté trufado de pato
– pimienta negra
– sal
Preparación:
Comenzamos lavando la Pularda bajo el chorro de agua del grifo y vaciándola muy bien para, a continuación, secarla y salpimentarla tanto por dentro como por fuera. Con cuidado de no dañar la piel separamos esta tanto de la pechuga como de los muslos metiéndole los dedos. Entre la piel y la carne le vamos metiendo rodajas de trufa negra no muy finas. En el interior de la carcasa le metemos el paté en trozos y una copa de Armañac. A continuación, bridamos al ave para que tenga bonita forma y le untamos manteca o mantequilla por toda la piel. Ahora la metemos en el interior de una olla que pueda ir al horno y le ponemos un vaso de vino de Madeira.
Horneamos en la bandeja del horno con la olla abierta a 180ºC de temperatura durante una hora por cada kilo que pese la Pularda. En nuestro caso será aproximadamente de hora y media a dos horas; pero no hay que fiarse y comprobar siempre el estado de la cocción. A la mitad del tiempo sacamos del horno la olla, le damos la vuelta a la Pularda y la volvemos a meter. Cuando le quede un cuarto de hora volvemos a hacer la misma operación; y además, recogemos todos los jugos; se los echamos por encima a la Pularda cuando le hayamos vuelto a dar la vuelta, y la metemos nuevamente en el horno para que termine de hornearse y adquiera un bonito color.
Se presenta entera en una fuente acompañada con finas láminas de trufa y con su salsa, formada con los jugos soltados y reducidos al fuego. O también podemos emplatar sus cortes y cubrirlos con un poco del jugo que ha soltado, como en esta ocasión hemos hecho nosotros.
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