Partir de gurumelos que todavía no estén abiertos, pero que estén a punto de hacerlo. Pelarlos con mimo, como si le quitaras los pañales a un recién nacido; luego, haciendo palanca quitarles el pie que lo reservaremos para otro menester.
Ahora c la cazoleta del gurumelo y meterle dentro un ajito muy picado, un poquito de perejil igualmente picado; unos granos de sal y otros de pimienta negra recién molida. Terminar poniéndole un generoso chorreon de buen aceite de oliva dentro y ponerlo así preparado en una sartén al fuego y tapado. De vez en cuando lo vigiláis destapando la sartén y comprobando con los dedos el grado de cocción del gurumelo. Si vemos que el gurumelo cede a la presión de los dedos con facilidad podemos ya apartarlos.
Mi modo de comerlo es colocándolo en el plato rodeado de unas patatas chips y meterle unos sopones de pan pequeñitos dentro de la cazoleta e ir comiendo estos tropezones acompañados de unas patatas chips. Ir introduciendo más tropezones hasta que nos quedemos sin caldo en el interior; en cuyo momento cogemos el tenedor y el cuchillo y nos comemos la cazoleta.
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