En esta receta las berenjenas terminan friéndose; por cuya razón, para que no absorban aceite durante la fritura, se recomienda cortarlas en rodajas y provocar un fenómeno de osmosis añadiendo agua y sal. De esta forma se intercambian líquidos, de manera que los compuestos que le dan sabor amargo, que son solubles, salen al exterior de la berenjena; pues el líquido fluye desde donde hay menor densidad hacia donde hay más, potenciándose su sabor agradable que está determinado por sustancias no solubles. Si no hiciéramos esto, dado que la estructura de la berenjena es muy cavernosa (llena de aire y de agua), si la friéramos directamente, actuaria como una esponja, absorbiendo gran cantidad de aceite. Así que para que no resulten aceitosas, lo mejor es introducirlas en dicha solución salina, dado que así este efecto desaparece y la berenjena saturada de agua, apenas absorbe aceite.
Receta:
Cortamos la berenjena en rodajas delgadas, de aproximadamente 1 cm. de grosor, que la echamos en agua con sal durante unos quince minutos para quitarles el amargor. Luego las sacamos y las lavamos para quitarles la sal que les pudiera quedar. A continuación las secamos ligeramente y las reservamos.
Aparte, para una berenjena, batimos dos huevos; le ponemos un poco de sal y otro poco de pimienta negra molida. Pasamos cada rodaja de berenjena por los huevos batidos y luego por pan rallado.
Finalmente ponemos suficiente aceite de oliva en una sartén a fuego alto (nº 7 u 8 de la inducción) y vamos friendo las rodajas de berenjena hasta dorarlas. Luego las pasamos a un papel absorbente para eliminarles el exceso de aceite que pudieran llevar.
Una vez fritas las servimos en caliente con un poco de queso rallado por encima y un adorno de una hojita de albahaca fresca.
NOTA: Para quitarles totalmente el amargor lo suyo es tenerlas sumergidas en agua con sal durante 24 horas, pero si la tenemos durante quince minutos eliminamos suficiente cantidad como para que ya no lo notemos.
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