Moragas

Los malagueños llaman moragas a las comidas hechas en la playa. Como las comidas que se hacen en la playa van siempre a base de espetos de sardinas, es por eso que a las sardinas se les llaman también moragas.

Las moragas o sardinas que vamos a hacer aquí están inspiradas en un restaurante de Málaga, donde ponen con este nombre unas sardinas curadas en sal.

Para hacerlas compraremos sardinas o boquerones, pues se pueden hacer con ambos pescados. Si son boquerones recomendamos los “bocartes” y si son sardinas recomendamos las “mariquitas”; principalmente por su sabor y su tamaño que las hacen ideales para esta preparación.

Comenzamos por coger las sardinas, quitarles las cabezas y abrirlas en canal. Ponemos ahora un lecho de sal gorda, de un dedo de espesor, en un recipiente a ser posible de cristal, y vamos colocando las sardinas abiertas con la carne hacia abajo y sin quitarles las espinas centrales. Tapamos con más sal todas las sardinas y presionamos ligeramente para adaptar la sal a las sardinas. Metemos el recipiente dentro del frigorífico y lo dejamos ahí por espacio de tres días, al cabo de los cuales sacamos el recipiente, le quitamos la sal y limpiamos de sal las sardinas, primero con un papel y luego metiéndolas en un recipiente con agua helada, para que se pongan duras y se les quite el exceso de sal que pudieran tener. Mantendremos ahí las sardinas por espacio de quince minutos, al cabo de los cuales las sacamos, las secamos y les quitamos la espina central. Una vez sin la espina y seca la metemos en un recipiente y las cubrimos con aceite de girasol, donde las conservaremos hasta el momento de ser utilizadas.

Estas sardinas están curadas con la sal y resultan con un sabor parecido al de las sardinas embarriladas, pero son menos saladas y mas finas al paladar; por lo que una aplicación de las mismas es ponerlas encima de una tostada de pan carrillo con aceite y ajo restregado.

En Málaga las ponen encima de tostas con queso de untar o con tomates restregados; en tostas con mermelada de tomates, etc.

En fin también le podemos dar todas las aplicaciones de las anchoas, como comerlas solas con pan, aceite y acompañadas de un vino fino o de cerveza, por ejemplo, o bien como acompañamiento de unas migas extremeñas.

 

 

 

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