Las ortiguillas las suelen vender en bolsas con su agua de mar incorporada, donde se conservan muy bien.
Cuando lleguemos a casa con la compra metemos la bolsa dentro del frigo hasta el momento de su consumo. Debemos consumirlas en el día.
Una vez saquemos la bolsa del frigo le tiramos el agua de mar que trae y enjuagamos muy bien las ortiguillas, hasta que dejen de soltar suciedad; es decir, hasta que el agua de lavado salga limpia. Cuando eso ocurra pasamos todas las ortiguillas por un colador y le tiramos toda el agua de lavado de las mismas. A continuación, las dejamos en la pila del fregadero escurriendo, para que suelten toda el agua posible antes de enharinarlas.
Una vez bien escurridas las pasamos por abundante harina de freír y las vamos colocando en un plato. Cuando las tengamos todas enharinadas las metemos dentro del congelador del frigo y las tendremos ahí durante una hora antes de freírlas. De esta manera aguantarán mejor la fritura sin deshacerse.
Cuando las saquemos del frigo le volvemos a dar otro rebozado en harina y pasamos a continuación a freírlas, por tandas, en abundante aceite muy caliente. De esta manera quedarán crujientes por fuera y muy blandas por dentro, con un sabor a mar muy sorprendente.
A medida que se vayan dorando ligeramente las vamos sacando del aceite y las iremos poniendo encima de un papel absorbente, para eliminarles el exceso de aceite que puedan llevar.
Al presentarlas en la mesa las pondremos en un plato con patatas paja en la base y las ortiguillas encima.
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