Pondremos una berenjena por cada comensal y uno o dos huevos. Yo aquí voy a hacerla para mi solo, por lo que partiré de una sola berenjena; y le pondré dos huevos.
Después de pelar la berenjena y cortarla en cubitos, pondremos un fondo de aceite de oliva en la sartén y unos dos o tres ajos laminados al fuego. Cuando los ajos empiecen a bailar en el aceite echamos la berenjena. (Hay quienes la meten antes en agua con sal para quitarles su amargor, pero yo ese paso no lo doy porque a mi me gusta la berenjena con su sabor natura). A partir de aquí vamos cacheándola sin apartarla del fuego hasta que la berenjena pierda su agua de vegetación y se ponga blandita con el aspecto de una semipapilla. Ponerle la sal hasta ajustarla junto con una hoja de laurel, dar unas vueltas y ponerlas en un plato llano tapizando con ella el fondo.
En la misma sartén hacer un par de huevos a la plancha y ponérselos encima, quedando el plato terminado.
Hay quienes le ponen también cebolla, e incluso pimentón; otros no la pelan, o no lo hacen del todo; es cuestión de gustos. Yo las hago como se han hecho en mi casa toda la vida: pelándolas y refiriéndolas en un buen aceite de oliva con ajos, sal y laurel; y luego para mayor contundencia, acompañada con huevos.
Lo que sí debemos tener cuidado es con la cantidad de aceite que le ponemos al refrito; porque unas berenjenas aceitosas acaban arruinando el plato.
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