Para este plato podemos elegir cualquier clase de setas; todas estarán buenas y combinarán bien con la salsa. Es un plato de extrema sencillez que lo tendremos listo sin derrochar ingredientes, habilidades ni tiempo.
Empezaremos limpiando y troceando una mezcla de setas a nuestra elección. Nosotros aquí a falta de setas silvestres hemos optado por las cultivadas: champiñón y setas de cardo.
En una sartén antiadherente ponemos un fondo de aceite de oliva virgen extra para que no de sabor; encendemos el fuego y ponemos unos ajos laminados. Cuando los ajos empiecen a bailar en el aceite es el momento de echar las setas troceadas junto con un poco de sal y de pimienta negra recién molida. Saltearemos unos minutos hasta que las setas cambien de color y se doren ligeramente. En ese momento hacemos un hueco en el centro, le ponemos la yema de un huevo y apagamos el fuego. Dejamos unos segundos con el fuego apagado y pasamos el conjunto al plato de servir, procurando no romper la yema. La yema la tiene que romper el comensal y mezclarla con las setas, con lo que, con el calor residual de las mismas se cocinará ligeramente la yema y se formará una salsa que las acompañará en su degustación.
NOTA: Esta receta es ideal para una cena romántica o para darse el cocinero un homenaje cuando empieza la temporada de setas en el otoño. En el caso de que sean más de dos comensales haríamos todas las setas en una sartén grande; distribuiríamos las raciones correspondientes en los platos calentados de antemano y pondríamos las yemas en los platos.
NOTA 2: En esta receta si las setas son silvestres, de calidad y recogidas en el día, podemos incluso prescindir del ajo y disfrutar de su exclusivo sabor.
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